sábado, 21 de julio de 2012

Xocomil

Por las tardes, sobre las aguas del Lago de Atitlán corre una brisa fuerte, de sur a norte, un viento provocado por el encuentro del aire cálido procedente del sur, con las masas de aire frío que provienen del altiplano. La corriente agita las aguas y provoca fuertes olas, que algunas veces ponen en peligro a las embarcaciones. Los pobladores locales han llamado siempre a esos vientos: Xocomil. 
Puede ser que así describa la Meteorología al Xocomil, esa furia con que se mueven las aguas de Atitlán, cada tarde, sin falta...



Pero la gente local sabe más que eso, conoce lo que en el pasado ocurrió... lo sé porque en Panajachel conocí una hermosa leyenda que cuenta por qué Atitlán reclama cada tarde la ausencia de su amor, agitándose así, violentamente, queriendo volar... 


Así recuerdo la leyenda que conocí:

"En Santa Cruz, uno de los pueblos que están frente al lago, pero no en la orilla, sino arriba, en la montaña, nació una bella niña, puede ser que se llamara Citlatzin (Estrellita). Era muy linda y tierna, siempre sonriente y felíz. 
Su mamá la llevaba todas las tardes al lago, para lavar su cara y recoger el agua que beberían en la casa. Siempre lo hacían después del medio día, cuando el sol agobiaba menos, y la niña disfrutaba ese momento en que podía tocar el agua y sentir su calma, abrazándola. 
Así pasaron los años y Citlatzin fué creciendo, sintiendo cada vez más la necesidad de estar junto al lago... ella se había enamorado de Atitlán! 

Atitlán fué siempre indiferente con toda la gente y nunca creyó en el amor, pero cada tarde sintió las caricias de la niña y poco a poco despertó en él el amor, hasta sentirse volar cada tarde en que ella llegaba para tocar sus aguas. Así creció su amor cada día, llenándose de vida y de ilusión. 
Ella era felíz al verse reflejada en la mirada azul de aquel gigante. 

La madre de Citlatzin no comprendía lo que pasaba, solamente veía cómo su niña soñaba despierta y parecía estar cada vez más en otro sitio, lejos del que sus pies ocupaban. Eso la llenó de temor y decidió salvarla de aquel probable maleficio. ¡tenía que llevarla lejos! ¡donde nadie hiciera daño a su belleza, donde nadie le robara la sonrisa! Así, una tarde la llevó a donde nadie sabe... algunos mencionan a Nahualá, pero nadie tiene certeza...

Esa misma tarde Atitlán se encontró solo, en aquella orilla donde diariamente encontraba a su amada... esperó... esperó... y espero... pero ella nunca llegó! y entonces él supo llorar... y su llanto se volvió rabia! sus instintos lo dominaron, y la calma que siempre había mostrado, desapareció e intentó volar, para ver desde el cielo dónde estaría Citlatzin, y no la encontró... y corrió y se arrebató toda la tarde, hasta quedar rendido por el cansancio y la angustia. Así durmió y así amaneció, cansado y con su alma destrozada.

La mañana siguiente todo estaba en calma y Atitlán esperaba la hora del encuentro con su amor, y estuvo allí, en la mismo orilla otra vez, y otra vez se quedó solo, y sin pensarlo volvió a enfurecerse, a agitarse y violentarse, buscando a su amor, para rendirse otra vez a la oscuridad sin poder hallarla...

Su vida quedó así, por las mañanas en calma y por las tardes volviendo a buscar a Citlatzin... con la fuerza del Xocomil." 
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He consultado y entiendo que en idioma Kaqchikel, la palabra Xocomil proviene de "Xocom" que se traduce como "recoger" y de "il" que se entiende como "pecados", de tal manera que se puede decir que el viento llamado Xocomil es una fuerza que "limpia de los pecados". Quizá Atitlán, después de tanto tiempo quiera "lavar su pecado" de haberse enamorado de Citlatzin...

Por la mañana, las aguas de Atitlán están serenas...
Después de conocer esta leyenda del Xocomil (existen otras sobre el mismo Xocomil...),  me siento felíz de haber podido ponerla en una canción... Esta felicidad es muy especial, porque pude construir el texto de la canción, con la misma persona con quien conocí la leyenda. Fué lindo, fué intenso, un experimento espontáneo! una razón para seguir creyendo en que el arte es la vida!
Por la tarde, el Xocomil agita las aguas de Atitlán...
Aunque fué un "parto rápido", y la canción vino con todo!, durante tres o cuatro semanas después de aquel parto seguimos "moliéndola y re-haciéndola", hasta tener esta versión que grabé "artesanalmente" y que aparece más abajo. Este es el texto:

Xocomil 
(Texto: Otoniel Mora- ARD, Música: Otoniel Mora, junio 12).

Aquella niña que nació
En el pueblo aquel
Que no besa el lago
Pero siempre lo ve…

De muy pequeña comprendió
Que aquel silencio fiel
Fue siempre un llamado
A su corazón…

Él, transparente y sin pensar
No imaginaba que
En una tarde así
Ella llegaría…

Azul profundo en su mirar
Serenidad sin fe
Inmensidad que al  fin
Despertaría…

Y esa tarde inesperada
Su mirada le llamaba
Y ella fue a entregarle el alma

Y en su paz él descubría
Que sus aguas eran vida
Y que la niña ya le amaba

Y esa tarde sin querer
Despertó y se enamoró
Aquel amor entre los dos
No pudo nunca ser
Un secreto guardado
En su corazón…

Y aquel gigante, ilusionado
Que descubrió el amor
En brazos de la niña
Aprendió a volar…

Con aguas que bañan  la orilla
Consentía  su piel
Y así cada día
Crecía su amor…

La madre que no comprendía
Decide un día cruel
Que la arrancaría
De aquel gran amor…

La niña en casa ocultaba
Lo que sus ojos gritaban
El amor que había en su alma

Y la madre imaginaba
Que su niña enloquecía
Y por amor la rescataba

Y en las aguas el amor
Una tarde naufragó

Y en esa tarde insospechada
La niña no llegó
Y el agua lastimada
Por ella lloró

Y en la orilla la buscaba
El que siempre la abrazaba
Con la calma de sus aguas

Y hoy en soledad violento
No detiene sus intentos
De volar por encontrarla

Y sus aguas agitó
Cada tarde por amor

Esta es la grabación "recién salida del horno". Todo lo que se escucha está grabado por mí: una guitarra rítmica (nylon), tres guitarras melódicas (nylon), dos armónicas, mi voz y las voces de varios pajaritos, así como la voz del viento que pude encontrar (no encontré la voz de Xocomil...)
Salú!!!!